ARTE AMARNIENSE

Akenatón, Nefertiti y sus hijas (museo Egipcio, Berlín)
A mediados del siglo XIV A.C. en Egipto fue coronado faraón Amenhotep IV (Amenofis IV), y enseguida empezó a adoptar nuevas medidas y cambios políticos, entre ellos, y el más importante, sustituir como principal divinidad de Egipto al dios Amón por el dios Atón, dios del disco solar.

Estos cambios no eran nuevos, ya que era algo normal cambiar de divinidad para frenar el poder que los sacerdotes acumulaban.

De hecho el dios Amón, dios de la fertilidad, había empezado a tener un gran protagonismo con el Imperio Medio, para frenar el poder y la riqueza que los sacerdotes del dios Ra acumulaban. Aunque con el tiempo el clero de Amón llegó a conseguir más poder e influencia.

El gran cambio y la novedad fue que el dios Atón fue adorado casi como una divinidad monoteísta.

Para demostrar su apoyo al dios Atón, el faraón, cambió su nombre por el de Ajenatón y la capital del reino se desplazó a una nueva ciudad, Ajetatón, el horizonte de Atón, hoy conocida por el nombre árabe de Amarna, una ciudad construida de la nada y que tras la muerte del faraón sería destruida y olvidada.

Ajenatón (Museo Egipcio de
El Cairo)
Todas estas transformaciones y cambios también afectaron al arte, que se transformó adoptando un estilo propio y diferente de lo que se había realizado hasta el momento en Egipto.

La representación de los faraones desde el Imperio antiguo hasta el reinado de Ajenaton, había sido siempre la misma, se representaban en su juventud y perfección física, como un faraón eterno y atemporal, sin embargo, en los tiempos de Ajenatón, y aunque se seguía representando al faraón con la misma postura erguida, mirando al frente y sujetando los símbolos del poder con las manos, la representación del cuerpo rompió con los cánones, la armonía y la simetría anterior.

El simbolismo tomó mayor importancia que el naturalismo, los cuerpos y las facciones se alargaron, llegando incluso a la caricatura en los primeros años, posteriormente se suavizaron. La figura del faraón adoptó formas femeninas, con pechos y caderas anchas, como proveedor divino de la prosperidad y fertilidad de Egipto, al igual que Atón.

También aparecieron nuevas formas de representar al faraón en los relieves y las pinturas. El dios Atón era representado simplemente como un disco solar, algo difícil de entender para el pueblo egipcio, acostumbrado a que sus divinidades tomasen forma antropomorfa o animal, por lo que se pasó a representar al faraón al mismo nivel que la divinidad solar.

Junto al faraón, la familia real se convirtió en un tema esencial en este período, ya que básicamente desaparecieron los temas anteriores. En las escenas religiosas se representaba al faraón y su familia recibiendo los rayos benefactores de Atón, además de escenas de su vida privada e intima, en las que aparecían interactuando y dando muestras de afecto.

Talalat (templo de Atón, Karnak)
Desde el punto de vista técnico las estelas se trabajaban a partir de la técnica del relieve hundido tanto en las figuras como en la escritura de jeroglíficos, normalmente de baja calidad y trabajados con un cincelado simple.

Los relieves pasaron a representarse en los talatat, bloques de arenisca pequeños, típicos de las construcciones del período amarniense. Posteriormente estos bloques fueron extraídos y reutilizados como material constructivo o de relleno por los faraones del Imperio Nuevo.

Arquitectónicamente también aparecieron diferencias, los templos construidos en honor del dios Atón eran abiertos, dejando entrar la luz solar, diferente a los templos tradicionales, hundidos en la oscuridad y el hermetismo.

Tras la muerte del faraón, el 1336 A.C., el nuevo arte surgido en Amarna, al igual que los cambios políticos y religiosos, fueron olvidados, siendo su sucesor, Tutanjatón (Tutankamón), bajo el gobierno de Ay y Horemheb, quien devolvió a los sacerdotes de Amón la influencia y el poder que habían poseído.
Akenatón y su familia adorando al sol (Museo Egipcio
de El Cairo)